Searching for the sugarman

Como ya decimos en nuestra presentación, uno de nuestros intereses es la producción audiovisual. El último día os trajimos nuestro primer trabajo, pero también creemos interesante tratar de ofrecer nuestra opinión y leve análisis sobre obras que han recibido reconocimiento recientemente. De modo que hoy os mostramos nuestro primer comentario. Para ello hemos escogido el documental más galardonado del año pasado, ganador de diferentes premios, entre los que se incluye el Oscar y el premio BAFTA al mejor documental: Searching for the sugarman. La historia de un músico, Sixto Rodríguez, que no hubiese sido posible en la era de Internet y la globalización.

Aviso para navegantes: El comentario se apoya en elementos claves de la trama, si no habéis visto el documental y tenéis intención de hacerlo, deteneos aquí. En caso contrario, dadle al play and carry on.

Searching for the Sugarman es, por encima de cualquier otra cosa un documental hábil. Hábil en todos los sentidos. Narrativamente eficiente, audaz, ingenioso, muy bien construido y que recurre a una estructura compleja, pero perfectamente inteligible, para contar, desde un punto de vista deliberadamente escogido, la figura del mito, la historia de Sixto Rodríguez.

De este modo, amparándose en una atmósfera absorbente, subrayada por una banda sonora deliciosa, construye un personaje carismático y enigmático. Y lo hace de un modo tan exquisito que hasta que no termina la proyección no nos damos cuenta de que este era el único objetivo de los realizadores. Porque el film no incide en profundidad en los recovecos de una historia que con una visión algo más alejada de la figura del músico, tomando mayor perspectiva, pero capaz de detenerse en ciertos detalles del entorno para prestarles mayor atención, hubiese dado como resultado un discurso más rico y riguroso. Aunque también es cierto que el producto final quizá hubiese perdido la enorme capacidad que tiene este documental de subyugar e involucrar al espectador.

Para tratar de explicar esto, creo que es necesario indagar un poco más en la estructura narrativa de este documental. Searching for the Sugarman divide la historia de Sixto Rodríguez en tres partes, mientras que el documental puede separarse en dos bloques bien definidos. El primer y segundo bloque quedan íntimamente vinculados gracias al hecho de que vuelve sobre una de esas tres historias para explicarla desde un punto de vista opuesto y, por lo tanto, necesariamente complementario.

De este modo, en el primer bloque se narran los inicios de este cantante en los suburbios de Detroit a través de diferentes testimonios. Desde su descubridor, pasando por su productor, hasta llegar a alguno de los vecinos del barrio donde se encontraba el local en que interpretaba sus temas. Las declaraciones de todos estos testimonios sirven para dibujar la figura del genio incomprendido y olvidado. Un personaje cuyo paradero es un misterio y sobre el que circulan múltiples rumores sobre su suicidio.

La segunda historia que conforma la primera parte del film es el desembarco casi por accidente de unas pocas copias del primer trabajo de Sixto Rodríguez en Sudáfrica y de como el boca a boca convierte ese LP en un fenómeno rotundo en ese país. Otra vez, el montaje y el guión se apoyan en las circunstancias para seguir moldeando el personaje, para conferirle esa aura mítica. Por un lado, aprovecha la difícil tesitura política del país en esa época, con el aparheid en su apogeo, para utilizarla como un megáfono del carácter reivindicativo de las letras de Sixto. Este hecho eleva automáticamente su figura de cantautor a la de profeta. Por el otro lado, el guión se apoya en la distancia y el aislamiento de Sudáfrica para encontrar unos personajes dispuestos a resolver una pregunta: ¿quién fue Rodríguez? En pasado y dándolo por muerto en todo momento. Y es precisamente la evolución de las investigaciones de estos personajes lo que actúa como hilo conductor de ese primer bloque que termina con un giro parcialmente inesperado: Sixto Rodríguez sigue vivo.

A partir de este punto, el documental toma aire de nuevo y arranca otra vez con la historia del cantante, aunque esta vez, relatada por el propio protagonista. La figura del genio incomprendido se desmorona, pero se sustituye por la del artista comprometido, el hombre integro, padre de familia y miembro humilde, pero activo de la comunidad. En otras palabras, se refuerza la figura del profeta, necesaria para hilvanar la segunda historia que se narra en este bloque: su primer viaje a sudáfrica, donde recibirá un baño de multitudes, el trato de una estrella y, pese a todo, mantendrá esa nueva aura de integridad absoluta.

Ahora bien, llegados a este punto y después de admitir que el documental funciona como un thriller maravilloso, que mantiene la intriga, con un giro bien medido, que da paso a una segunda parte que ayuda a ocultar las carencias de la primera… ¿podemos considerar Searching for the sugarman un buen documental? Sinceramente, no puedo responder a esta pregunta con contundencia.

Por una parte, estoy convencido de que es un excelente producto audiovisual, ejecutado con gran precisión y que si fuese una obra de ficción, sin duda alguna hubiese colmado todas mis expectativas. Sin embargo, si lo miro desde otra perspectiva, esa es justo la sensación que tengo, de que me han vendido una historia de ficción como una aproximación fidedigna a una historia real y, la verdad, es que si me lo tomo de este modo, no puedo comprar Searching for the Sugarman.

Y esto es así porque quieren contar una historia real tan increíble que, al magnificarla, resulta inverosímil. Por un lado, el mito en Estados Unidos alrededor de Sixto Rodríguez, simplemente, no existía. Los fragmentos escogidos de las entrevistas a los testimonios son tendenciosos. Posiblemente esas respuestas surgiesen después de un comentario del tipo: ¿sabes que su LP llegó de modo casi clandestino a Sudáfrica y se convirtió en todo un fenómeno? Hecho que automáticamente hubiese condicionado esas respuestas y sus reacciones. Por otro lado, está el siniestro comportamiento del antiguo propietario de Sussex Records, que evita responder cuando se le pregunta por el dinero que recibió en forma de royalties y, lo realmente grave, como el documental pasa este hecho por alto. En mi opinión, ese era uno de los ejes fundamentales de la historia real y el que hubiese hecho posible entender la historia como algo verosímil y no como un milagro propio de la era pre-youtube.

Aunque claro, presentar la historia de Sixto Rodríguez, por un lado, como la de un cantante cuyos primeros LPs fracasaron en su país de origen, que volvió a su vida de trabajador conservando la música como afición, mientras años después su trabajo triunfaba a miles de kilómetros y rendía beneficios a un productor que nunca consideró esos réditos suficientes como para hacer el esfuerzo de contactar con su representado y relanzar su carrera. Mientras que, por el otro, la ardua tarea de investigación, en realidad, se redujo a realizar la llamada adecuada cuando la curiosidad hizo mella, supongo que hubiese sido mucho menos glamouroso… pero quizá, por eso, se hubiese acercado bastante más a la realidad y hubiese podido otorgar al documental otros elementos de valor. Por ejemplo, hubiese podido profundizar en el funcionamiento de la industria discográfica en los años 70 o hubiese podido establecer de un modo más riguroso el contexto sudafricano, su relación con la cultura exterior y aportar datos más concretos sobre el impacto de Sixto Rodríguez en ese país en comparación con los grandes referentes musicales de la época.

Como ya he dicho nada más empezar este artículo, Searching for the sugarman es un producto hábil, pero no por ello deja de poder considerarse un documental tramposo. Una obra absorbente, que garantiza transportarte a la época y mundo en que se ambienta y cuya única pega que se le puede poner es que esa historia esté manipulada al extremo que ya uno dude de que puede considerarse real y que no… ¿aunque, en todo caso, la ficción no es también altamente disfrutable?

Y es que, como comprenderéis si le habéis dado al play al inicio del artículo, por mucho que su valor documental pueda ponerse en entredicho, merece la pena verlo solo por disfrutar de la atmósfera que envuelve al personaje que va dibujando mientras suena cualquiera de los temas que conforman la escasa discografía de Rodríguez.

Sixto Rodriguez

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